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Historia, política y género: La mirada de Omar Acha

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En el marco de la Semana de Conferencias en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, el Dr. Omar Acha -investigador, escritor, docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA)- brindó una charla titulada: “Las sirvientas asesinas. El estudio del peronismo y la historiografía de género/sexualidad durante las últimas dos décadas en la Argentina”.

Durante una entrevista, Acha también analizó el rol y la participación de las mujeres en la vida social y política, y el lugar que ocupan en la historia oficial, intentando ofrecer una mirada crítica para lograr la igualdad.
¿Cómo pensar la participación política de la mujeres a través de la historia?
Primero quisiera señalar el carácter global que tiene la participación política de las mujeres porque son fenómenos que recorren, sobre todo el occidente, América Latina y Argentina, como parte. El movimiento feminista es un movimiento global que a la vez reconoce particularidades. En los últimos años, la Argentina está revelando una movilización y organización de las mujeres particularmente alrededor del Ni una menos que es un ejemplo en el mundo y que ha sido incluso tomado para la movilización en otros países, en Europa y Estados Unidos, está esa dimensión general pero también hay especificidades, entonces se puede construir una historia en Argentina de cómo se va transformando esta participación política.
¿De qué manera pensar las etapas de la participación política?
La historia puede comenzar desde siglo 19, el sufragismo que es la demanda por el acceso de las mujeres al voto, se desarrolla en buena parte de la primera mitad del siglo 20 y encuentra en el otorgamiento del voto femenino en 1947 durante el primer peronismo. En los años 60 y 70 el feminismo alcanza un desarrollo interesante en la Argentina, y el siglo 21 está revelando un nuevo impulso en el que particularmente emergen nuevas generaciones de mujeres que se activan políticamente.
¿Cuáles son los avances y los desafíos para lograr la igualdad de las mujeres en la vida social y política?
La agenda de las demandas de las mujeres y de las demandas feministas se ha ampliado. La dimensión político y electoral es solo una parte. La agenda es mucho más rica hoy existen elementos que se vinculan con las formas de trabajo, el pago, la igualdad en la retribución, igual salario por igual trabajo, donde las desigualdades siguen siendo muy evidentes, demandas también respecto del reconocimiento, el cuestionamiento de la dimensión patriarcal del dominio masculino, y hay un tema que es muy delicado e importante que es la cuestión de la despenalización del aborto, que sigue siendo algo que parece que en la Argentina no termina de discutirse abiertamente pero que está en la palestra, no solo de la agenda feminista sino también de un movimiento de las mujeres mucho más amplio. Hubo un fenómeno muy interesante que fue el Ni una menos, que emergió como respuesta en contra de los femicidios pero crecientemente, y esto se observó en el último paro de mujeres, que fue hemisférico, la creación y la yuxtaposición de nuevas exigencias, ya no es solo parar con los femicidios, sino también reclamar por los derechos laborales, entonces hay una ampliación de esa agenda.
¿Qué sucede con la representación política?
En buena medida la representación política muestra las formas de desigualdad de la sociedad, si bien es muy claro que en cargos ejecutivos por ejemplo o en los cargos legislativos, incuso en judiciales, se ha registrado un incremento en la participación de las mujeres me parece que todavía es una tarea a ampliar. Particularmente soy partidario de la paridad en los cargos, para poder combatir una desigualdad estructural contra las mujeres incluso en el plano de la política que sigue siendo real.
¿Por qué las mujeres están invisibilizadas en la historia oficial?
Las formas del relato histórico usualmente tramitan o muestran relaciones de poder en la vida real. Entonces el androcentrismo tradicional de la historia, es decir, la visibilidad y el protagonismo que tuvieron los varones en esos relatos clásicos en buena medida reflejan el dominio masculino sobre las mujeres a lo largo de siglos y me parece que para poder desandar ese camino no solo hace falta luchar por transformaciones políticas sociales y culturales en la realidad, sino también en las formas de conocimiento y de representación. En este sentido, es la discusión sobre cómo escribir la historia, cómo darle mayor participación y relevancia a las mujeres es una tarea que tiene su significación política.
¿Cómo puede aportar el relato histórico a la igualdad?
En primer lugar quería referirme a quienes escriben la historia y en general, quiénes producen conocimiento, me parece muy importante el avance de las mujeres en la ciencia, en la historia, en la sociología, la antropología, porque eso no necesariamente crea un tipo de conocimiento diferente pero sí establece las condiciones sociopolíticas para disputar ese androcentrismo de las formas de conocimiento. En mi opinión, del modo en el cual yo entiendo el trabajo histórico, creo que es preciso desarrollar nuevas formas de pensamiento, de investigación y de representación en la historia que le otorgue un lugar mucho más relevante a nuevos sujetos y a sectores que han sido desplazados, marginados, secundarizados y esto supone no solamente una transformación de quiénes escriben la historia sino también de la epistemología o las formas de conocimiento del trabajo histórico que requiere también una revolución incluso en su manera de hacer.
¿Por qué es importante la inclusión de otros sujetos en la construcción del relato histórico?
Lo que a mi juicio eso aporta es la constitución de nuevos sujetos de demanda, de expresión, y crear o habilitar un espacio o un campo para nuevas agendas políticas sociales y culturales. Mostrar que la acción de las mujeres en la historia argentina no es una novedad, si bien hay una emergencia que nunca ocurrió antes por la masividad en las movilizaciones recientes, sin embargo hay precedentes de la luchas de las mujeres que ya llevan siglos incluso en la historia corta de la argentina o de sus regiones.  
Entiendo que la crítica de la historia androcéntrica implica mucho más que la visibilización de las mujeres, supone la apertura, por ejemplo, de nuevas maneras de entender la historia, y ahí yo veía en la historia regional un aporte posible muy relevante para desmontar justamente la centralidad que se le imprime a ciertas regiones o ciertas ciudades del país, que son vistas como nacionales cuando en realidad imponen un escenario que es muy reducido, muy arbitrario, simplificando otras experiencias que quizás en el futuro permitan pensar otra historiografía, visibilizando  otros sujetos, habilitando nuevas fuentes, pero especialmente dando cuenta de la multiplicidad de formas de lucha, de organización y de experiencias históricas que habitan en un relato que hasta ahora ha sido demasiado simple de la historia nacional.


Datos sobre el disertante y la actividad
El disertante es doctor por la Universidad de Buenos Aires y por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Francia). Es Investigador Independiente en el CONICET, e Investigador Asociado en el Centro de Investigaciones Filosóficas. Ha obtenido el Premio Internacional en Historia, otorgado por el Departamento de Historia de la UBA en 2005, y el Premio Nacional de Cultura en 2015. Entre sus libros se pueden mencionar “El sexo de la historia. Intervenciones de género para una crítica antiesencialista de la historiografía” (2000), “Freud y el problema de la historia” (2007) y “El hecho maldito. Conversaciones para otra historia del peronismo” (2012).
Las conferencias son organizadas por la Secretaría de Extensión y Vinculación Tecnológica, la Secretaría de Investigación y Postgrado, el Departamento de Antropología Social, el Ciclo de Conferencias Ciencia y Sociedad, el  Ciclo Perspectivas en Antropología y Etnografía (PAyE), el Centro de Estudios Históricos, el Programa de Postgrado en Antropología Social de la FHyCS-UNaM y el Programa Universitario de Historia Argentina y Latinoamericana (Min. De Educación, Secretaría de Políticas Universitarias Res. No 2260).

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