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"El compromiso con el ambiente es político"

  • Ana Victoria Espinoza
  • Medioambiente

Por Agostina Le Vraux* // El ambiente está en peligro. El ser humano y la magnitud de su antropocentrismo hacen que se consuman recursos naturales a un nivel insostenible, tendiendo a la degradación de los pocos espacios que hemos permitido que se conserven. Por un lado, la utilización desmedida de recursos (antes renovables) llevó a la disminución drástica de millones de hectáreas de diversidad biológica a nivel mundial, y por otro lado, la generación de residuos desde el inicio de la extracción de la materia prima y en todas las áreas de las cadenas productivas ha aumentado la contaminación ambiental.

No hemos sido capaces de comprender y tomar en serio los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), impulsados por Naciones Unidas como herramienta para generar un cambio en la cultura de consumo. No hemos sido capaces de comprometernos con medidas necesarias para revertir la degradación ambiental producida por el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, porque así como nos pasó con la pandemia, creemos que el problema lo tienen otros lugares del mundo. Pero no es así, la degradación ambiental nos afecta a todos.
La disminución drástica de los ecosistemas terrestres y acuáticos se relaciona directamente con las modificaciones que hacemos en nuestro ambiente para llevar una vida con más comodidades.
La extracción y el procesamiento de los recursos naturales causan la mitad de las emisiones de CO2 mundiales y más del 90% de la pérdida de biodiversidad según los últimos informes de la ONU.
No hemos sido capaces aún de revertir las emisiones de dióxido de carbono, liberado en la mayoría de los combustibles utilizados en las industrias, en la infraestructura de transporte y en vehículos particulares, aumentando los gases de efecto invernadero. Por otro lado, el ritmo de consumo asociado a la generación residuo, contamina directamente el ambiente, afectando el nicho de todas las especies que están a nuestro alrededor, en el agua, en el aire y en la tierra. Estamos siendo la causa de la extinción de cientos de miles de especies.
Si bien existen algunas iniciativas de incorporar el desarrollo sustentable en diversos sectores, las prácticas de producción siguen siendo irresponsable. Se desmonta para construir un barrio o implantar cultivos, se utilizan agroinsumos que contaminan el suelo y el agua, se vierten desechos químicos sin tratamientos a las aguas continentales.
Además, tenemos una mirada que enfoca el problema de la generación de residuos, envases o desechos que tiramos en un cesto de basura en la cocina, y sacamos el foco del tipo de consumo irresponsable y desmedido. Por ejemplo, el CO2 liberado en la combustión de los vehículos contribuye al aumento de gases de efecto invernadero y en consecuencia aumenta la temperatura del planeta. Los residuos textiles generados por el cambio de vestuarios al cambiar temporadas, entre 2 y 4 veces al año, aumentan residuos de algodón mezclado con diferentes plásticos que contaminan suelo y agua. La cartelería y el merchandising de las elecciones legislativas generan toneladas de residuos, entre muchas otras actividades que de forma constante generan basura.
La pérdida de biodiversidad es continua. En nuestra provincia podemos analizar la pérdida a pequeña escala con la caza y la tala furtiva. A mayor escala podemos observar la pérdida de diversidad biológica por el desmonte y posterior implantación de cultivos, o de grandes áreas destinadas a viviendas. Y aún mayor, el aumento del nivel de agua sobre el cauce del río, que comprometió la flora y la fauna nativa de miles de hectáreas de costa.
Es necesario analizar las metas de desarrollo sostenible y adoptar de forma urgente un estilo de vida que nos permita cambiar el tipo de consumo, avanzando hacia una economía circular que evite el uso excesivo de materia prima y nos permita la reutilización, la reparación y el reciclaje de los materiales y productos que utilizamos.
Somos parte de la solución. Debemos cuidar los recursos naturales,  maximizar la producción en áreas implantadas y restaurar biodiversidad en todas las áreas que sea posible.
El compromiso con el ambiente es político y debe ser parte de la política de Estado. Nosotros como Universidad Nacional buscamos contribuir de forma sistemática con los ODS 2030. Además, en la interacción diaria con distintos profesionales del medio, puedo observar el trabajo comprometido de diversas instituciones que están interviniendo con proyectos de restauración ambiental. Esto me da la pauta que tanto el Estado nacional, como el provincial y municipal se sienten interpelados por la necesidad del cuidado del ambiente. Pero todavía es poco, todavía falta mucho.
Debemos estar a la altura de las circunstancias, frenar la frontera agroindustrial y estudiar estratégicamente el uso de la superficie en todas sus dimensiones. En nuestra provincia algunos de los cultivos tradicionales más importantes tienen bajos rendimientos en comparación con otras provincias. Invertir en aumentar la producción por hectárea con la incorporación de germoplasma de alto rendimiento, permitiría frenar el avance sobre el desmonte nativo o por lo menos, establecer corredores de biodiversidad seguros. Estos corredores son un mecanismo valioso de restauración de diversidad biológica.
La deforestación representa cerca del 11 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (ONU). Si reducimos la deforestación y restauramos los bosques degradados, podemos disminuir las emisiones en un volumen enorme. La incorporación de flora nativa en espacios urbanos y periurbanos, espacios verdes y zonas con suelos degradados o de relleno, reservas y parques urbanos, Costanera, Plazas, Jardines de organismos Públicos, entre otros espacios posibles, beneficia de forma directa el aumento de la biodiversidad. La incorporación de plantas nativas a la genética del paisaje, teniendo en cuenta las características naturales de la región favorece la llegada de fauna como aves, mariposas, mamíferos pequeños y aumenta la diversidad de microorganismos del suelo, tornando estos lugares más biodiversos.
Todo esto además debe ir acompañado del uso de datos y estadísticas, tecnología robótica y satelital, con sensores remotos e in situ, inteligencia artificial, datos económicos y socioculturales. Estos datos deben ser recopilados y analizados como indicadores ambientales y con estos datos aumentar la eficiencia en el manejo de las tierras cultivadas y tierras protegidas. Y así también poder construir las políticas gubernamentales y la toma de decisiones con bases estudiadas para nuestra realidad y fundadas científicamente.
Creo necesario incorporar al desarrollo sostenible como orientación en todos los campos de formación profesional de nuestra Universidad. Es indispensable formar profesionales capaces de generar estrategias para satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del ambiente y el bienestar social.

*Agostina Le Vraux es licenciada en genética, investigadora de la UNaM, docente de la cátedra de Biología Vegetal y Fisiología Vegetal de la FCEQyN y directora de proyectos de investigación relacionada con la Stevia. En este momento se desempeña como Coordinadora del Centro de Investigación Jardín Botánico Alberto Roth, a partir del Convenio Científico Académico establecido entre la UNaM y la Municipalidad de la Ciudad de Posadas.

// Nota publicada en el Nexo Universitario N°11 disponible en este link: https://www.unam.edu.ar/index.php/66-noticias/noticias-inicio/507-la-revista-nexo-universitario-esta-disponible-para-descargar

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