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En el teatro se logran transformaciones de tiempo, lugar y personas donde las acciones adquieren un carácter reflexivo y la característica de ser actuadas para un público. Se ubica, desde la Universidad, al drama como modo de experimentar, actuar y ratificar el cambio permitiendo que el público contemple la acción y considere alternativas. La capacidad de enmarcar y controlar, de enfrentar las interacciones humanas más problemáticas, plantea ésta actividad como un proceso creador visible, que es al mismo tiempo intencional y de manera no consiente, un paradigma de cultura y de hacer cultura.
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